Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

 

Hoy es el primer día del nuevo año 2026. A medida que vamos envejeciendo, seguimos descubriendo nuevas formas de ver la vida y lo que nos rodea; también descubrirnos y hasta sorprendernos ante la forma en que reaccionamos a diferentes momentos; la toma de decisiones tampoco se queda fuera de hechos.

Recuerdo en una ocasión, al cumplir mis 37, mientras limpiaba la terraza de mi primera casa (la que aún mantengo por cariño, por ser cofre de recuerdos y estar en el vecindario donde me crié), me vino a la mente esa noción de “susto” acompañado de un pensamiento real, claro y vivo: existe otro ser que dependía de mí, para quien yo era su todo y que no cuestionaba nada de lo que yo hacía; mi hijo (que para esa fecha tenía 4 años). Hasta ese momento no me había detenido a pensar, reflexionar sobre eso. El ajoro de vida, los trabajos (tenía 2 en aquel entonces), la prisa con la que vivimos nuestros primeros 50 años, no nos deja o nos permite pocos momentos para eso. Desde ese momento en adelante, estuve más consciente de esa dependencia y procuré balancear la toma de decisiones que siguieron.

Hoy, con la salud aun comprometida, y ante esa incertidumbre que provoca la ausencia de una cura real, las decisiones que tomo están basadas en lo que me produce paz, alegría y, sobre todo, amor propio. Al despedir el viejo año me propuse buscar nuevas oportunidades de crecimiento en todas las facetas que tenemos como seres humanos. Leer más, hablar más con las personas, aprender un nuevo hobby, continuar con la promoción del libro (Lolo), escribir un poco cada día, pasar todo el tiempo que pueda con Milán André, probar recetas nuevas y dar ese viaje que tengo pendiente con una querida amiga (queremos regresar a España, a nuestro ritmo y sin excursiones programadas). también creo que me voy a regalar la maquina cafetera que hace tiempo vengo considerando, para hacer el café como lo hacen las panaderías en Puerto Rico, ¡tan rico y con ese sabor inconfundible y único! Cuando no estoy en PR echo de menos tres cosas: las panaderías (mi hijo y yo siempre desayunábamos en panaderías durante la semana), los restaurantes de comida china (nada como los de mi Isla) y, por supuesto, las playas (no las cambio por ninguna otra del mundo entero).

Esta Navidad fue diferente, pausada, con reflexiones, tranquila y de muchos momentos gratos, entre gente que quiero, valoro y reciprocan ese cariño. Salud es lo que siempre pido en el inicio de otros 365, que espero vivir con agradecimiento y disfrute al máximo.

Leave a comment